En FUNGICALAB no improvisamos opiniones. Cada hongo y cada producto que analizamos pasa por el mismo método, para que puedas comparar con criterio y fiarte de lo que lees. Estos son los puntos que miramos, y por qué importan.
Especie y parte del hongo. No es lo mismo un extracto hecho con el cuerpo fructífero (la seta en sí) que uno hecho con micelio cultivado sobre grano, que suele contener menos compuestos de interés y más almidón del sustrato. Comprobamos qué especie es exactamente y qué parte se utiliza.
Beta-glucanos. Son los compuestos por los que más se estudia a los hongos funcionales. Muchas etiquetas hablan de «polisacáridos» (una cifra inflada que incluye almidón) en lugar de beta-glucanos reales. Buscamos el dato concreto y desconfiamos de quien no lo da.
Tipo de extracción. Algunos compuestos se liberan mejor en agua caliente y otros en alcohol. Por eso valoramos la doble extracción cuando tiene sentido para ese hongo, y explicamos qué método se ha empleado.
Análisis de laboratorio. Un certificado de análisis independiente (COA) es la prueba de que lo que pone la etiqueta es cierto. Valoramos que la marca lo publique o lo facilite, y lo echamos en falta cuando no existe.
Transparencia de la marca. Origen, trazabilidad, claridad en el etiquetado y ausencia de promesas exageradas. La forma en que una marca comunica dice mucho de su producto.
Relación calidad-precio. Lo barato sale caro si el producto no aporta nada, y lo caro no siempre es mejor. Calculamos el precio por dosis y lo ponemos en contexto con la calidad real.
Con todo esto formamos un veredicto honesto. Si un producto cumple, lo explicamos. Si no cumple, también lo decimos, por popular que sea. Nuestras valoraciones se basan en estos criterios y nunca en intereses comerciales: recomendamos por calidad, no por nada más.
Este es el filtro que aplicamos para que tú no tengas que hacerlo.